sábado, 27 de noviembre de 2010

Rumanía, una oportunidad para las empresas españolas

El diario catalán "La Vanguardia" describe de una forma bastante acertada la situación general de Rumania para la empresa española. Para trabajar es un mercado en crisis, pero para la empresa siempre puede llegar a ser un paraiso si uno se esfuerza y se encuentran los caminos adecuados. Pero el artículo lo explica a la perfección:

La coyuntura de crisis por la que atraviesa España con especial crudeza empuja a muchas empresas españolas a buscar en el exterior lo que no encuentran en casa: negocio. Este es un aspecto positivo resultado de la mayor presión competitiva nacional y del agotamiento de los mercados tradicionales. Si la crisis fue global ya no lo es, y hay mercados que crecen con especial empuje y donde España debería estar presente. Europa del Este puede ser uno de ellos, aunque presenta una situación particular con características propias frente a los ya consolidados de Asia y Brasil:

- Fragmentación: hablar de Europa del Este es hablar de un conjunto de no menos de 15 países con multitud de idiomas, etnias, religiones y regímenes políticos. Los mayores mercados, sin contar con Rusia, corresponden a Polonia (38,5 millones de habitantes) y Rumanía (22 millones). No se puede hablar de un gran mercado.

- Todos parten de niveles de renta per cápita reducidos frente a las economías occidentales. En los años previos a la crisis del 2008 mostraban importantes crecimientos del PIB basados en altos niveles de consumo y desarrollo de sectores como el inmobiliario o lo servicios, financiado con alto endeudamiento.

- Sus expectativas de crecimiento para los próximos años se estabilizarán entre el 2,5 y 3% anual. Esto está lejos de los ritmos pre-crisis. El aumento del paro motivó una reducción de salarios.

- Muestran en general una gran dependencia de la economía alemana así como de la de aquellos países en que gran número de inmigrantes envían remesas a sus familias o de los fondos estructurales de la Unión Europea.

Tras una caída en 2009 frente al 2008, para 2010 parece que en algunos de estos países la presencia española está aumentando. Claramente puedo hablar de Rumanía, país en que desarrollamos nuestra actividad consultora. Según la Oficina Económica de la embajada de España en Bucarest, durante el primer semestre de este año la inversión directa ha crecido un 37% sobre el 2009, hasta los 937 millones de euros. Nuestra experiencia profesional indica que el número de empresas de capital español en la parte occidental del país se ha, cuanto menos, doblado en lo que llevamos de 2010. No sólo eso, también ha cambiado radicalmente el perfil del empresario. Las constructoras en general han dejado paso a la industria y la agricultura. España se pone por tanto en la línea del perfil empresarial del resto de economías occidentales que busca hacer de Rumanía su fábrica o su explotación agrícola a costes reducidos para la exportación. En este artículo me centraré en procesos industriales, dejando para otro día el sector primario. Las empresas buscan en Rumanía una plataforma productiva barata desde la que servir a sus clientes actuales o a mercados nuevos y en crecimiento en los que abrirse camino.

Si este cambio cualitativo del objeto de inversión es positivo por la diversificación que representa, también lo es ver que la mayoría de proyectos que nos llegan son sólidos y resultado de un plan estratégico. El nivel empresarial español claramente ha mejorado y su presencia aporta riqueza. Con todo, nos encontramos a veces con algunas excepciones o con puntos mejorables en la gestión práctica que resta potencial al desarrollo del proyecto. Dos aspectos destacan por sus efectos negativos y ocasional frecuencia: la falta de planificación a largo plazo y la escasa atención a la política de personal.

El empresario español se instala en Rumanía por una razón principal: el bajo coste de la mano de obra, sobre todo la no cualificada. El salario medio para 2009 fue de 446 euros al mes, mostrando por primera vez una caída en cinco años, periodo en que pasó de los 277 euros en 2005 a los 478 euros de 2008. Por lo general podemos decir que la proporción media del coste de la mano de obra en Rumanía es un cuarto de la de España. Es por tanto lógico pensar que la empresa inversora destinará sus instalaciones en Rumanía a procesos que requieran mano de obra intensiva dado que el resto de costes no difiere tan claramente de la realidad española.

Confiados, algunos empresarios planifican de forma errónea su estrategia en el país. Por suerte parece que ya ha pasado el tiempo de los nuevos conquistadores, los que venían con aires de superioridad del país rico al pobre, esperando que diariamente le agradezcan su presencia. Vendedores de cuentas a precio de oro, esos fueron los primeros en marchar. Los hay en cambio que calculan mal los tiempos. Muestran de hecho unas expectativas temporales que no tendrían en su propia región de origen. En su teoría aquí todo se acelera si sabes a quién pagar, o esperan que los trámites sean como en España y no entienden las diferencias. No sólo quieren que todo sea muy rápido, sino que lo necesitan imperiosamente. La filial rumana les salvará de la mala evolución en España. Su proyecto no es resultado de una decisión estratégica sino una huída hacia adelante condenada al fracaso. La filial nunca funcionará tan rápido como necesitan ni la proveerán de los fondos necesarios. Falto de cimientos el chiringuito cae con la primera brisa.

Capítulo especial merecen las políticas de RR.HH., o la falta de ellas. Rumanía es un país grande (la mitad de España) y por tanto dispar. Igual que en España, Rumanía muestra zonas más dinámicas que otras. Así, si la tasa nacional de desempleo estaba en junio en el 7,4%, (marzo 2010 con el 8,4% marcó el pico) en la provincia de Timis, el paro era del 4,2% en junio (4,6% tres meses antes). Es una tasa alta. Dos años antes (junio 2008) el paro era del 1,3%. La salida directa a Europa occidental y una ciudad, Timisoara, con fuerte empuje empresarial explican la diferencia.

En mayo del 2008 la automovilística Mercedes consideraba la posibilidad de instalar en Timisoara una fábrica de sus unidades Klasse A y B. la preocupación entre el empresariado local era grande. Con un 1,3% de paro la única forma de conseguir mano de obra era tentando a los trabajadores de otras empresas, con la consiguiente presión al alza sobre los sueldos. El alivio fue grande cuando el fabricante decidió instalarse en Hungría.

Hablamos por tanto de un escenario en que no hay paro, al menos como se conoce en España. Por ello, la realidad es que cuando la empresa española se instala tiene problemas para encontrar mano de obra. Y peor aún, no la encontrará al nivel técnico que busca. Por lo general la mano de obra local disponible tiene poca calificación. Esta realidad, para una empresa con perspectivas a largo plazo, no ha de ser un problema insalvable sino parte del plan de inversión.

La solución se llama política de recursos humanos y formación. La misma empresa que comenta haber tardado años en consolidar en España su plantilla hasta llegar a un punto suficiente de solvencia parece querer que sus equipos rumanos funcionen mañana a pleno rendimiento. Es imposible. Se achaca la falta de resultados a razonamientos tales como "no quieren trabajar" y se les intenta motivar con ventajas económicas. La realidad es más bien que no saben para qué trabajan ni lo que se espera de ellos.

Es conocido que el salario desmotiva si se recibe en defecto pero no motiva pasado un cierto umbral. El proyecto de empresa y la involucración del trabajador en el mismo es un parámetro a tener en cuenta. No sé yo cómo hay que motivar al peón que conduce la apisonadora. Lo que sí que sé es que ese trabajador no se guía por los mismos estándares de calidad que los manejados por su equivalente en España.

Por lo general la calidad es mejorable, pero no por falta de capacidad sino por falta de formación. Mi consejo a menudo es: si usted paga un cuarto por el mismo tiempo de trabajo, no le importe dedicar el tiempo necesario a formar a su trabajador. Le seguirá saliendo baratísimo si no aprende, y si aprende, mucho más. A esto se añade una variable adicional: ¿quién lidera el proyecto? He visto proyectos que han empezado con ganas, pero sin el líder adecuado, y que ya han cerrado. En algunos casos el líder mostraba gran entusiasmo... y poco más. Ninguna preparación para entender que Rumanía no es España y que diferente no significa peor. El entusiasmo se evapora al contacto con la realidad y el líder vuelve a casa requemado y culpando a los demás de todo lo que no ha funcionado. En otros casos se da el fenómeno contrario: la expansión rumana es la excusa perfecta para alejar a alguien incómodo en la central. No se manda a una primera espada, se manda a quien no queremos ver cerca. Poco hay que decir sobre las consecuencias de esta decisión.

Hay que ser realistas. Europa del Este, no tiene glamour. Carece del atractivo mundano de otros destinos. Quien quiera vida social de alto nivel con todo lo que ello implica que mire a otro lado. En estos países a menudo se respira un quiero y no puedo de nuevo rico que hace arquear las cejas. Venir aquí es venir a trabajar entre semana y, si se quiere, volver a casa de viernes a lunes. Tardo más de Barcelona a Tenerife que a Timisoara. Por el resto, la vida puede ser suficientemente grata como para disfrutar de una gran riqueza humana, cultural, culinaria, turística y estar atento ante las posibilidades de negocio que estos países presentan. Hace poco leí una entrevista a uno de los mejores hombres de negocios de Timisoara. Decía a sus lectores locales "si usted es bueno y quiere ser empleado, marche fuera, le pagarán mucho mejor que en Rumanía. Si quiere ser empresario quédese, en pocos lugares encontrará tantas oportunidades de hacer buen negocio".

http://www.lavanguardia.es/lectores-corresponsales/noticias/20101115/54068926859/rumania-oportunidad-para-la-empresa-espanola.html

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